Pocas cosas nos generan una relación de amor odio tan notorias como el celular. Les apuesto un like de Facebook, no hay peor sensación que salir y ver que se nos quedó en la casa, entonces, hay que ir a buscarlo a cualquier costo. ¿Era necesario? Las justificaciones son muchas, la mayoría, intrascendentes.

La ansiedad de un mundo saturado de notificaciones nos llena de dudas ¿me estaré perdiendo de algo? Así es el sentido de pertenencia 2.0. Recuerdo claramente la imagen; asistía a un taller en el cuál estaba prohibido mirar el celular, no me van a creer la tensión en esos rostros al saber que tenían una llamada, notificación, o lo que sea, perdido en el celular. Finalmente “la modernidad” terminaba ganando el debate y la persona en cuestión se ausentaba por largos minutos ya que la notificación lleva asociado el revisar algo, y ese revisar algo le abre la puerta a otras distracciones.